El hombre pervertido comparte a su nieta con un viejo amigo

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Su casa era pervertida y oscura, su nieta fue arrastrada al salón y sentada entre sus viejos amigos lascivos, sus ojos brillando de miedo y miedo cuando le ordenó que se quitara la ropa interior para revelar su coño rosado, mojado y lascivo. Un viejo amigo se arrodilló y lamió su coño, tragó la miel agridulce, su lengua envolvió las semillas hinchadas de pera, mordiendo suavemente, haciéndole retorcerse y gemir, "Abuelo, lamer mi coño es tan feliz". Se rió con ganas, obligó a su nieto a chuparle la polla, tragó saliva en su garganta, lamió el jugo aceitoso pegado a la pantorrilla, mientras los otros dos amigos acariciaban los pechos redondos y tiraban de los pezones duros. "Es divertido compartir a tu sobrina así, viejo," susurró el pervertido empujando al perrito en medio del suelo, una polla grande le apretaba y violentamente la verga, cada embestida profunda hacia el útero hacía que su coño se apretara la polla, salpicando lasciva. Los chicos se turnan para follar y follar, el perrito le da palmaditas en las nalgas rojas y luego el misionero presiona sus pechos contra su cara que chupa, suplica "Folladme fuerte otra vez, chicos, mi coño está enganchado a las pollas viejas para compartir esto". El pervertido aceleró su polla hinchada y se corrió por todo mi coño primero, temblé hasta la cima del jugo y el esperma salió, luego los viejos me dispararon una tras otra en mi coño regordete, haciéndome locamente feliz tumbada en el suelo respirando de forma lasciva. Desde entonces, el hombre pervertido suele compartir a su sobrina con viejos amigos, su coño se va mojando cada vez más, esperando a que el viejo pene folle en secreto en la casa.